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Diez de la noche y no he preparado una sola maleta, el vuelo sale dentro de ocho horas y todavía tengo que ir a despedirme de los pastores Cruz y platicar con ellos sobre las actividades que vienen.

Diez y media de la noche y aun voy en camino, el carro viejo en el que voy no da para ir mas rápido y entre la casa de los pastores Cruz y la casa de los pastores de jóvenes hay casi dos ciudades de por medio. Mi acompañante es un muchacho que hace unos días estuvo detenido por posesión de drogas en su escuela, catorce años.

No quería saber nada de la iglesia y ahora no hace mas que hablar sobre un proyecto que tiene en mente de hacer playeras con diseños cristianos, quiere hacer teatro y quiere ser el presidente de jóvenes en su iglesia también dice. Aun lo tengo que pasar dejando en su casa.

De que te reis?” me pregunta.

“Me acorde de algo.” Le digo. Me acorde de mi amigo.

Siempre carro viejo, o carro raro. Siempre con algún muchacho en el carro hablando de ideas y sueños. Siempre corriendo. Siempre entre pastores. Siempre solucionando mas de algo.

Me acorde de mi amigo que me enseño a dar un paso adelante sin importar lo que los demás digan, mucho menos la familia.

Me acorde de mi amigo que me escucha y me hace sentir cuerdo, poniéndole atención a lo que sea que salga de mi cabeza, por ilógico que sea pero me hace sentir que lo que imagino es viable.

Me acorde de mi amigo que no es mas viejo que yo, pero para mi es un ejemplo de ser buen padre sin dejar el corazón joven.

Los jueves de tratados en la USAC, el Aspire verde, los dobles de coca de la tienda, los personajes extraños de la calle, los milagros espontáneos, los sueños del obelisco, y los diálogos de media noche con mas de algún endemoniado.

Me hace falta mi amigo, extraño sentarme en su sillón rodeado de libros. Extraño platicar con el mientras prepara una predica y al mismo tiempo me recomienda un libro.

En este país o en otro, en esta vida o en la otra he de sentarme otra vez con mi amigo, tomar algo y reírnos de como éramos.

Dicen que uno muere dos veces, una cuando se deja de respirar y otra cuando alguien menciona tu nombre por ultima vez en esta vida. Se que me amigo va a andar por aquí por mucho tiempo, siempre marcando vidas, siempre ayudando.

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